2027 administración del riesgo se le llama
2027 administración del riesgo se le llama
No es sorpresa, pero tampoco es un movimiento menor. En política, lo previsible suele ser lo más revelador, porque confirma que las decisiones no se toman en el momento en que se anuncian, sino mucho antes, en lo oscuro, donde se negocia de verdad.
El “destape” de Salvador Santos Cedillo por parte del Verde en Tlaxcala entra exactamente en esa lógica.
Si no hay coalición con Morena, el partido no podía darse el lujo de improvisar, y por eso el nombre ya estaba listo desde hace meses.
No es un hallazgo, es una consecuencia. Huamantla no solo le dio una base territorial, le dio al Verde un activo que puede presumir como propio en un escenario de ruptura controlada pero tiene el mismo problema de Alejandro Aguilar López.
Porque eso es lo que está haciendo el Verde: No rompe, presiona. No se va, encarece su permanencia, y en ese juego, que Jaime Piñón Valdivia sea quien coloca el nombre no es una ocurrencia.
Desde su posición de Coordinador Estatal de Vinculación con el Comité Ejecutivo Nacional, lo que hace es mandar un mensaje que no sólo es local, es de negociación: Hay candidato, hay estructura y hay margen para competir si las condiciones no les favorecen; tal vez no les da para ganar, pero sí para restar.
Santos Cedillo, entonces, funciona en dos planos, hacia afuera, como carta independiente con narrativa de resultados y continuidad; hacia adentro, como ficha de negociación, pese a que dicen en radio pasillo, que si Ana Lilia Rivera no sale como candidata por Morena que el Verde la postularía y eso mis amigos, tampoco sería como para que Morena le tuviera miedo, porque la gente votaría por el partido, no por el candidato, y no es que lo diga yo, pero baste ver las encuestas que circulan y circulan cotidianamente.
No es casual que se le coloque ahora Santos Cedillo, es el momento exacto en el que su nombre sirve para algo más que una aspiración personal, sirve para fijar una postura que no sé si sea la correcta, pero de que es una postura condicionante, lo es.
Pero mientras el Verde acomoda sus piezas con claridad, en Morena el síntoma es otro, nadie quiere llegar tarde a la candidatura, pero tampoco quiere soltar el cargo antes de tiempo.
Cada uno administra el riesgo a su manera.
El caso de Ana Lilia Rivera es el ejemplo más nítido de esa ambigüedad funcional, ya dijo que va, pero la licencia será en consecuencia de “los tiempos del partido”, de las fechas de los registros dice, aunque no aclara cuáles.
Una frase que en política no significa nada y lo significa todo, no hay fecha porque no hay decisión tomada desde el centro, y mientras eso no ocurra, lo racional es quedarse donde está, con reflectores, estructura y poder.
Por cierto que el deslinde de Ana Lilia Rivera con Juan Pablo Penilla llega tarde… un año o menos, como 13 meses.
Según lo difundido por PolíticoMX, la senadora negó cualquier relación con el reconocimiento otorgado en el Senado y por el senado al abogado Juan Pablo Penilla por su propia mano al abogado, hoy sancionado por la OFAC por presuntos vínculos con organizaciones criminales en México.
Juan Pablo Penilla, vinculado mediáticamente con casos de alto perfil criminal como el Mayo Zambada y el Z40, fue sancionado por la OFAC como ya les decía.
¿El problema no es lo que niega o que sufra de amnesia la senadora Ana Lilia Rivera, sino el contexto en el que lo niega no?
Porque fue un acto público, institucional, que no ocurre en la clandestinidad ni sin filtros políticos.
El 25 de febrero de 2025, MonitorXpress publicó la columna de María Luisa Moreno —“La inaceptable relación entre la senadora Ana Lilia Rivera y el abogado de El Mayo Zambada”— donde ya se advertía una cercanía incómoda, documentada en presencia, coincidencias y vínculos que no eran precisamente casuales. No era una ocurrencia, era una alerta.
Hoy, el deslinde intenta cortar esa línea… pero no la borra, es evidencia clara y contundente en la que hasta hay fotos.
Porque en política no basta con decir “Yo no sé, no me acuerdo o yo ni lo conozco”. Hay momentos, fotografías, eventos y silencios rebelan quién miente de manera continua y casi hasta natural.
Pero cuando un reconocimiento de ese nivel ocurre en el Senado —no en un salón social, ni en el auditorio del pueblo o en la calle que se cerró para la primera comunión de algún morrillo— la responsabilidad no es solo de quien lo recibe, sino del entorno que lo permite.
Aquí el problema no es el reconocimiento que le entregaron a Penilla como “Hombre del año 2023”, sino las relaciones que tiene y la relación que podría tener con Ana Lilia Rivera. Demasiados sospechosismos como diría el compadre de su asesora y dizque estratega política, la panista Minerva Hernández Ramos o el troll ese, Enrique Pérez Tamayo.
Si todo lo anterior no representan focos rojos al interior del equipo de campaña de Ana Lilia, sumado con el pirata y reciclador de campañas panistas. Entonces es porque la senadora sigue tomando no sólo malas decisiones, sino pésimas decisiones que en algún momento, la van a hundir.
Alfonso Sánchez García juega una variante más abierta de la misma estrategia, ha sido claro en que por ahora está concentrado en el ayuntamiento y que el tema de la licencia se verá más adelante.
No hay ruptura con el cargo, hay administración del tiempo y en política, administrar el tiempo es administrar poder, quienes crean que el alcalde es ingenuo, predecible y manipulable, están muy lejos de conocerlo.
No se trata de si pedirá licencia, se trata de no hacerlo antes de tiempo.
Óscar Flores Jiménez ni siquiera disimula el cálculo, su salida está condicionada a ser ungido, ya lo dijo.
Primero la candidatura, luego la renuncia. Es la versión más transparente de una lógica que todos practican, pero pocos dicen en voz alta.
En medio de este escenario aparece una figura que rompe la narrativa cómoda: Carlos Augusto Pérez Hernández.
No administró tiempos, no esperó señales, no condicionó su salida, se fue de la administración de Lorena Cuellar sin dramas, sin amenazas y sobre todo, con integridad. Renunció.
De Dulce María Silva Hernández sólo diré “Que con su pan se lo coma” (Sólo para conocedores).
En un entorno donde todos están cuidando el momento exacto para no perder nada, eso equivale a un salto de fe en términos políticos. Se quedó sin cargo antes de tener certeza, si eso no es valor, no sé lo que sea.
Ese contraste incomoda porque exhibe lo que nadie quiere decir, que en Morena la competencia no solo es por la candidatura, sino por ver quién logra llegar a ella sin haber soltado el poder antes de tiempo.
No se trata de quién encabeza la boleta en el 27, sino cómo se construye esa candidatura que a leguas se antoja prematura, presionada, forzada en todo aspecto, pero que evidencia la fragilidad de los liderazgos en el poder como los del partido en sí.
Y en ese contexto, lo del Verde y lo de Morena no son historias separadas, son parte del mismo momento político en Tlaxcala; uno ya puso candidato sobre la mesa para negociar condicionadamente; el otro todavía nos trae entretenidos en el show de la sucesión paras que no nos demos cuenta de lo que acontece a nivel nacional ni a nivel local en materia de gobierno.
Así como tampoco lo es la relación PT y Morena, que evidencia en los comentarios de redes sociales de la foto entre Silvano garay Ulloa y Marcela González Castillo, el peso que tiene esa alianza que podría convertirse en coalición.
Porque quizá usted no le entienda nada a Silvano Garay cuando habla, pero de que habla el lenguaje político lo hace y en extremo se da a entender y lo entienden.
Y aunque quizá Morena no ha dicho nada de sus aliados, pero ahí están a las sombras partidos chiquitines como Nueva Alianza, Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y posiblemente hasta el PAC le entre a la coalición, pero demos tiempo al tiempo.
Al fin y al cabo, los tlaxcaltecas ya andamos en campaña desde hace meses y sin reservas.
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