Castigar a los menores no resolverá el problema
La reciente propuesta presentada en Querétaro para que adolescentes que cometan delitos graves puedan ser juzgados como adultos ha abierto un debate profundamente sensible para la sociedad mexicana
El tema no puede analizarse únicamente desde la indignación social ni desde la presión mediática provocada por hechos violentos. Requiere una reflexión seria, profunda y responsable sobre el verdadero origen del problema
Los datos son alarmantes. En México, más de 32 mil adolescentes fueron imputados por delitos durante 2023, registrándose un incremento cercano al 18% respecto al año anterior. Organismos especializados advierten además que hasta 250 mil menores se encuentran actualmente en riesgo de ser reclutados por grupos criminales. El crimen organizado ha encontrado en los jóvenes un terreno fértil para fortalecer sus estructuras
Pero la pregunta de fondo es inevitable: ¿qué está pasando con nuestras familias?
La violencia juvenil no nace de la nada. Detrás de cada menor involucrado en actividades criminales suelen existir historias de abandono, violencia intrafamiliar, adicciones, ausencia de figuras paternas, fracaso escolar y desintegración emocional. Miles de niños y adolescentes están creciendo prácticamente solos, educados más por las redes sociales y la calle que por su propia familia
Pretender resolver este fenómeno únicamente endureciendo las penas puede generar rentabilidad política momentánea, pero no solucionará la raíz del problema. Ninguna cárcel sustituirá jamás el papel formativo de una familia sólida.ñ
Querétaro necesita abrir una discusión mucho más amplia y valiente. Las grandes iniciativas de nuestros legisladores y gobernantes deberían concentrarse en proteger a la familia, fortalecer la educación, impulsar programas reales de prevención de adicciones, atención psicológica temprana y reconstrucción del tejido social
Porque cuando la familia se rompe, la sociedad entera comienza a fracturarse
Y ningún sistema penal podrá contener indefinidamente las consecuencias de una generación abandonada emocionalmente por el Estado y por la propia sociedad
Gustavo Buenrostro
Pdte de Por Querétaro Tofo, AC
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