Día de la Libertad de expresión

Día de la Libertad de expresión

El 7 de junio se celebra en Tlaxcala y en México el día de la libertad de expresión, fecha en la que se debería reconocer el derecho de todas las personas a manifestar opiniones de manera pacífica, sin censura ni represión, derecho que está protegido por los artículos 6º. Y 7º. de la Constitución.

Fue instaurado en México en el año de 1951 por el presidente Miguel Alemán Valdés junto con editores de diversos periódicos pero a iniciativa del coronel José García Valseca, dueño de la cadena de periódicos ”los soles” y se le llamaba “El día del presidente”.

Se le llamaba así porque todos los medios de comunicación salían a agradecer al presidente que resolvió con rapidez la escases de papel periódico para la prensa en aquella época, misma escasez ocasionada por supuesto por el mismo gobierno federal que limitaba las importaciones o decomisaba el papel periódico.

Desde 1976 se entrega el Premio de Periodismo en México, pero a nivel mundial, la ONU designó el 3 de mayo como el Día Mundial de la Prensa, hay otras festividades relacionadas como el día del periodista o el día del comunicólogo, pero eso ya es otra historia —Como diría Doña Chonita—.

La libertad, si bien es un derecho consagrado en nuestra Carta Magna, también debería ejercerse con responsabilidad, no con limitaciones.

Sin embargo, en esta era de la informatización, la infondemia que generan algunos de los que se dedican a los medios, que no necesariamente son periodistas, contribuyen a enrarecer el entorno informativo en el cual, dañan la buena imagen de los periodistas.

Es por eso que siempre debería haber una separación de quienes son “influencers” de quienes ejercemos el periodismo, así de fácil.

La libertad de expresión debería estar regulada por un marco deontológico (que de hecho se adoptó por todos los medios mediante un decálogo voluntario en el sexenio de Alfonso Sánchez Anaya, padre del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García), pero que bien valdría recuperar en todas las editoriales que se precien de profesionales y serias.

Verdad, verificación, separación de información y opinión (A nadie le haría daño señalar el género periodístico en cada texto, incluyendo los boletines), presunción de inocencia, protección de fuentes, derecho a la privacidad, no causar daño innecesario, evitar conflictos de interés, independencia frente al poder, derecho de réplica, responsabilidad.

El periodismo vive en una tensión permanente de fondo entre dos derechos iguales:

La libertad de expresión y a la información Vs. La Dignidad, privacidad y seguridad.

Pero aquí surge la pregunta incómoda para aquellos que se disfrazan de periodistas y se asumen como dueños de la verdad porque en algún medio de comunicación les prestan los micrófonos: ¿Qué diferencia un periodista de un agitador social?

La respuesta siempre es y será sencilla: La formación académica.

Pero no sólo eso, para ejercer una libertad de expresión ética y responsable, también hace falta un reglamento que nos adeuda el poder ejecutivo a TODOS los profesionales de todas las áreas, y ese reglamento es el de la Ley de Profesiones para el estado de Tlaxcala.

Así y sólo así, la ciudadanía podrá diferenciar a un periodista, de un influencer o de un agitador social.

De hecho, ni las autoridades estatales, tienen idea de cómo diferenciar unos de otros. Mucho menos las de los poderes Judicial o Legislativo, ya ni hablar de las municipales que se dejan apantallar por un sujeto que porta un chaleco que dice “prensa”.

De hecho, los periodistas somos los que menos charoleamos, si es que usted, amigo servidor público, le ha tocado un acercamiento con los verdaderos representantes de los medios y no con aquellos que por el hecho de portar un teléfono celular o de inventarse una supuesta “metodología” inventan datos y cifras escandalosos para “evidenciar” que todo lo hace chatgpt en sus sesudos “reportajes”.

La seriedad que exige y pide a gritos el periodismo en la actualidad, no tiene que ver un una milésima de coartar la libertad de expresión, por supuesto que cualquiera, incluso los de la “jaula de las locas” puede berrear lo que quiera donde quiera, pero eso mis amigos, NO es NI SERÁ NUNCA PERIODISMO, sino chismes usados como herramienta de extorsión.

Así que, vamos poniéndonos serios, el que no tiene una cédula profesional, no puede asumirse como profesional de la información y aquí yace nuevamente la petición a la gobernadora del estado:

Publique ya el reglamento de la Ley de profesiones señora gobernadora, Lorena Cuellar Cisneros.

Los profesionales de todas las áreas del quehacer humano de la entidad le estaremos agradecidos de que cada quien sea autoridad especializada en su materia y no un cúmulo de sabelotodos oportunistas, que con un criterio tan chiquito como un grano de arena perjudican a la sociedad en su conjunto, sólo porque encontraron la forma fácil de extorsionar a los actores públicos.

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