La reforma electoral y la guerra en medio oriente

La reforma electoral y la guerra en medio oriente

Lejos de los chismes de lavadero que se discuten hoy en día en muchos espacios, los tlaxcaltecas tenemos que sentarnos a reflexionar sobre lo que verdaderamente importa sobre las decisiones que se toman a nivel global y a nivel nacional.

El espectáculo político interno de una competencia que ya sabemos cómo se definirá, es un trámite que se está alargando en demasía, pero fomentado y propiciado desde las redes sociales y los medios de comunicación en los que predomina mucho ruido y pocas nueces.

Los grupos políticos se están apresurando a mostrar lealtad hacia cuadros que ni siquiera están definidos pero que toman como ciertos a partir de rumores, chismes y comentarios sin fundamento de grotescos actores que ni políticos son.

Así que mejor hablemos de cosas de grandes, cosas que sí importan como la Reforma Electoral y la Guerra EEUU-Israel contra Irán.

EMPECEMOS PUES CON LA REFORMA ELECTORAL

La reforma electoral que se discute en México y la ofensiva militar contra Irán no son fenómenos aislados, forman parte de un mismo clima de época: El desplazamiento de las reglas por la fuerza, de la negociación por la imposición y de la legitimidad compartida por la eficacia unilateral.

En México, el debate sobre la reforma electoral ha dejado de ser una discusión técnica para convertirse en una disputa por el diseño del poder, una autocracia pues.

Se habla de austeridad, de simplificación institucional, de reducción de costos y de “democratizar” estructuras.

Pero en el fondo lo que está en juego no es el presupuesto del árbitro, sino el equilibrio del sistema.

Eliminar el PREP, modificar la representación plurinominal, redefinir atribuciones del órgano electoral o ajustar los mecanismos de cómputo no son cambios menores, son decisiones que impactan la confianza pública en el proceso democrático y, en política electoral la confianza lo es todo, sin ella, el voto pierde certidumbre y el resultado pierde legitimidad.

Y no es que el diseño actual sea perfecto, pero tampoco se trata de llenarlo de lagunas, opacidades y arbitrariedades que nos regresen a la época en la que el PRI que tanto odian las izquierdas, regrese con un autoritarismo encabezado por Morena, sea dicho con todas sus letras.

Lo mexicanos y los legisladores NO deben permitir que la reforma electoral avance en los términos planteados.

Así no se construye una democracia, así se asesina.

Hasta los partidos aliados de Morena deben tener claro que si la avalan, están firmando su sentencia de muerte, pero en política como en la biblia hay un Yunes y un Judas.

La historia mexicana ofrece lecciones claras, la transición democrática no se construyó sólo con alternancias, sino con reglas creíbles.

El PREP, por ejemplo, no nació como capricho tecnológico, sino como antídoto frente a la sospecha, permitió cerrar la noche electoral con información pública, verificable y descentralizada.

Suprimirlo bajo el argumento de ahorro presupuestal es una decisión que exige mucho más que una justificación administrativa, requiere explicar cómo se blindará la certeza que hoy ofrece.

Pero hay algo más delicado que la ingeniería institucional, y eso mis amigos lectores es el método político.

Cuando aliados tradicionales expresan inconformidad y hablan de presiones, cuando la discusión se percibe como imposición y no como construcción, el problema ya no es jurídico sino político.

Una mayoría puede aprobar una reforma; lo que no puede imponer es la legitimidad social de esa reforma.

Las democracias maduras entienden que las reglas del juego deben diseñarse con la mayor amplitud posible.

No porque la oposición tenga derecho de veto, sino porque las reglas electorales no pertenecen al gobierno en turno; pertenecen al sistema, cambiarlas sin consenso amplio deja siempre la sospecha de que se ajustan para el beneficio inmediato del poder.

LA GUERRA EEUU-ISRAEL Vs. IRÁN

En paralelo, el tablero internacional exhibe una lógica similar, aunque en otra escala. La ofensiva contra Irán confirma que el orden global se encuentra en una etapa de reconfiguración profunda.

Estados Unidos e Israel han optado por la tesis de la acción preventiva directa frente a amenazas estratégicas.

La diplomacia multilateral, los llamados de inútiles organismos internacionales  como la ONU y la narrativa de la legalidad internacional han quedado desplazados por la lógica de la supremacía militar.

Es la vieja discusión entre el idealismo kantiano y el realismo maquiavélico. ¿Gobiernan las normas o gobierna la fuerza? Lo que estamos observando es un retorno descarnado al principio de poder efectivo.

La seguridad nacional, entendida en términos duros, justifica decisiones unilaterales incluso si tensan el derecho internacional.

En Medio Oriente, cada golpe abre la puerta a escaladas imprevisibles, reacomodos regionales y crisis energéticas que impactan a economías lejanas.

En el ámbito interno de cualquier país, la concentración de decisiones también genera efectos acumulativos, erosiona contrapesos, debilita confianza y polariza sociedades.

México no es ajeno a esta dinámica global, la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, la presión permanente en el combate al narcotráfico y la narrativa hemisférica sobre amenazas transnacionales colocan al país dentro de esa nueva arquitectura geopolítica.

En ese contexto, la estabilidad institucional interna adquiere aún mayor relevancia cuando el entorno externo se vuelve incierto, lo último que conviene es debilitar la certidumbre interna.

Por eso la discusión sobre la reforma electoral no puede reducirse a una contabilidad presupuestal ni a un argumento de eficiencia administrativa.

Lo que está en juego es el tipo de sistema político que México quiere consolidar en medio de un mundo más volátil y menos regulado por consensos multilaterales.

Existe una tentación permanente en las mayorías: Confundir mandato con carta blanca.

Ganar elecciones otorga legitimidad para gobernar, no para rediseñar unilateralmente las reglas que estructuran la competencia futura.

La diferencia es sutil, pero esencial, las mayorías pasan, las reglas permanecen; y cuando las reglas se perciben como producto de la ventaja coyuntural, su autoridad moral se resiente y en un momento u otro podría pasarnos como a Cuba y a Venezuela o las 2 juntas.

En el ámbito internacional ocurre algo semejante por si no lo habían notado, las potencias pueden imponer decisiones estratégicas en el corto plazo, pero la legitimidad internacional no se construye sólo con capacidad de fuego.

La estabilidad duradera exige equilibrios, alianzas y cierto reconocimiento compartido de límites. ¿O ustedes creen que después de lo que está haciendo EEUU en el mundo, será bien visto por el resto de los países del globo terráqueo?

Estamos frente a un cambio de época, en efecto, pero la eficacia parece desplazar a la deliberación; la fuerza, a la negociación; la mayoría, al consenso.

El riesgo no es inmediato ni estridente. Es gradual. Es la erosión silenciosa de los mecanismos que contienen el abuso y moderan la confrontación.

¿Recuerdan cuando los persas iban a conquistar territorios?, ¿Los romanos? ¿Los ingleses? ¿Los otomanos? ¿Los vikingos? ¿Los aztecas? ¿Los tlaxcaltecas y españoles?

Bueno, todos ellos conquistaron por la fuerza. Y lo que hoy vemos con Estados Unidos es exactamente lo mismo.

Sin reservas: cuando las reglas se rediseñan desde la fuerza —sea militar o política— lo que se debilita no es el adversario, es el sistema que garantiza la estabilidad. Y en tiempos de incertidumbre global, la estabilidad no es un lujo ideológico. Es una necesidad estratégica de los pueblos.

 

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Alejandro Aguilar Gómez, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano, es periodista y empresario de medios con más de tres décadas de trayectoria. Fundador y CEO de Grupo Monitor, dirige los portales digitales Monitor Xpress y MX en la Noticia. Ha sido jefe de información en prensa escrita, director de noticiarios radiofónicos y consultor en marketing político y comunicación estratégica. Es Presidente Fundador del Colegio de Periodistas y Comunicadores de Tlaxcala A.C. y ha recibido 2 Doctorados Honoris Causa por su contribución al periodismo en México (UDS Global University campus Nuevo León y Colegio de Periodistas de Tamaulipas). Reconocido especialista en comunicación social, marketing digital y gestión de crisis, combina la praxis periodística con la consultoría política y la innovación en tecnologías de opinión pública. Certificado como Director de Comunicaciones StratCom 2026 campus Miami, Flo.

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