Memoria, geopolítica y propaganda: Usos políticos del Holocausto en el siglo XXI

Memoria, geopolítica y propaganda: Usos políticos del Holocausto en el siglo XXI

Por Melchisedech D. Angulo 

​En el complejo escenario de la política internacional contemporánea, la memoria del Holocausto dejó de ser un ejercicio estrictamente histórico para transformarse en una herramienta de jerarquización del mal y de movilización ideológica. El exterminio industrial perpetrado por la Alemania nazi entre 1941 y 1945 —que segó la vida de seis millones de judíos, además de romaníes y prisioneros soviéticos— se utiliza hoy como una analogía recurrente para calificar amenazas actuales. Sin embargo, diversos analistas advierten que la comparación sistemática de actores estatales modernos con el Tercer Reich suele responder más a una retórica de la amenaza existencial que a una equivalencia fáctica, corriendo el riesgo de diluir la singularidad de aquel horror histórico en el fango de la propaganda actual.

​Uno de los ejes más polémicos es la caracterización de la República Islámica de Irán como un "nuevo Auschwitz" debido a su programa nuclear. No obstante, los registros históricos confirman que Irán no solo no participó en el Holocausto, sino que en 1943 declaró la guerra a la Alemania nazi y facilitó el Corredor Persa para suministrar ayuda vital a la Unión Soviética. En el presente, aunque la retórica de Teherán hacia Israel es agresiva y hostil, los organismos internacionales y expertos en genocidio señalan que no existe evidencia de una infraestructura burocrática o industrial de exterminio comparable a la nazi, lo que sitúa la comparación en el terreno de la estrategia política y no del rigor académico.

​Este debate sobre la amenaza iraní pone de relieve una marcada asimetría en el régimen de no proliferación global, donde Israel mantiene una posición de opacidad única en la región. Mientras que Irán es signatario del Tratado de No Proliferación (TNP) y estuvo sujeto a las restricciones del acuerdo JCPOA de 2015 —verificadas por el OIEA hasta la retirada unilateral de EE. UU. en 2018—, Israel no es signatario de dicho tratado ni permite salvaguardias generalizadas. Diversos organismos estiman que el Estado judío posee entre 80 y 400 ojivas nucleares, una realidad fáctica que alimenta las críticas sobre un doble rasero geopolítico al momento de exigir transparencia y desnuclearización en el Medio Oriente.

​De igual forma, el conflicto en Europa del Este reavivó el uso de estas etiquetas a través de la narrativa de "desnazificación" impulsada por el Kremlin para justificar la invasión a Ucrania. Si bien es un hecho documentado que ciertos sectores del nacionalismo ucraniano colaboraron con el Reich en los años cuarenta bajo la promesa de independencia, la historiografía moderna subraya que la mayoría de la población ucraniana resistió al nazismo. En la actualidad, aunque persisten tensiones por el homenaje a figuras históricas controvertidas, no existe evidencia de un Estado ucraniano dedicado al exterminio sistemático, por lo que organismos de justicia transicional califican estas acusaciones como una instrumentación propagandística del Holocausto.

​En la esfera económica, persisten mitos que buscan vincular al Banco de Inglaterra como un patrocinador clave del ascenso de Hitler. Las investigaciones de historiadores económicos aclaran que, si bien existieron relaciones técnicas y comerciales complejas en los años treinta —propias de un sistema financiero global interconectado—, no hay constancia de un financiamiento ideológico o créditos especiales para el rearme alemán por parte del banco central británico. La financiación externa del nazismo provino mayoritariamente de inversiones privadas de grandes corporaciones estadounidenses que operaban en suelo alemán, lo que desmiente la teoría de una conspiración estatal británica detrás del poderío bélico nazi.

@_Melchisedech

 

 

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