Salida sin voz: el PRI de Querétaro después de Calzada

Salida sin voz: el PRI de Querétaro después de Calzada

"En política, frecuentemente, la forma es fondo." Jesús Reyes Heroles

A las 5:07 de este lunes la Bialetti hizo el ruido que cualquier dueño de cafetera italiana reconoce: un gorgoteo ronco, casi una tos, que llega cuando el agua de la cámara inferior se terminó y el vapor sube solo. Ese sonido viene de fábrica. La cafetera avisa que está vacía antes de quemarse, y quien la conoce la retira del fuego a tiempo.

La víspera, domingo 11 de octubre, el PRI de Querétaro recibió su propio aviso. Mario Calzada Mercado, diputado federal por el distrito 05 (El Marqués, Huimilpan y Pedro Escobedo, 346 mil habitantes según el censo de 2020 del INEGI), hizo pública su renuncia en una carta dirigida a Alejandro Moreno. ELos medios locales la reprodujeron: no explica motivos, se lee en un minuto y deja una sola frase con filo, la de que las convicciones y el compromiso con Querétaro "no pertenecen a una sigla".

Calzada había dicho en febrero de 2025, que 2027 sería la ocasión para que el PRI compitiera sin coaliciones y midiera su fuerza propia. Veinte meses después hizo la medición por su cuenta, y el resultado fue irse antes de que la boleta la hiciera por él.

Mi tesis incomoda a quienes ya redactan el obituario del tricolor. El PRI queretano conserva votos suficientes para inclinar 2027, y está perdiendo, carta por carta y sección por sección, la capacidad de cobrar por ellos. Su crisis está en las personas que se van y en el silencio con que la mayoría lo hace, un problema que ningún recuento del IEEQ registra hasta que ya ocurrió.

Pesa poco, decide mucho

Empiezo por la aritmética, porque desmiente la lectura del funeral. En la elección de diputaciones locales de 2024 el Instituto Electoral del Estado de Querétaro contó 1,178,197 votos válidos; el PRI obtuvo 7.2%, unos 84,800. El umbral para conservar el registro, 3%, equivale a 35,300 votos, así que el partido está a más del doble de esa línea.

Ese caudal le dio dos de las 25 curules de la LXI Legislatura, ambas plurinominales, para Paul Ospital y Adriana Meza. Arriba, PAN cerró con 37.7% y Morena con 34.9%. Entre los dos polos quedaron 2.8 puntos, cerca de 33 mil votos, y el PRI tiene en la mano dos veces y media esa diferencia.

Lloyd Shapley y Martin Shubik propusieron en 1954 una forma de medir el poder dentro de un cuerpo que vota: contar cuántas veces un actor convierte una coalición perdedora en ganadora. Lo llamaron poder de pivote. Para Querétaro, el indicador práctico es comparar el voto del tercer partido con la distancia entre los dos primeros; cuando el tercero supera esa distancia, su peso real excede su porcentaje. Piense, lector, en una balanza con los dos platos casi parejos: quien pone la moneda decide hacia dónde se inclina, aunque la moneda pese poco.

Con 7.2% frente a un margen de 2.8, el PRI cumple la condición con holgura. El modelo tiene un límite que hay que decir en voz alta: supone que los votos del pivote se mueven completos hacia donde el partido los mande. Esa premisa es justo la que hoy está en duda, y por eso el siguiente acto pesa más que la aritmética.

Cinco años sin urna

Albert Hirschman publicó en 1970 Salida, voz y lealtad, un libro sobre empresas y Estados en declive que sirve para leer partidos. Su argumento cabe en una línea: quien está inconforme con una organización protesta desde dentro o se va. En un partido, el indicador de la voz es la competencia interna; el de la salida, las renuncias.

En el PRI queretano la competencia interna lleva cinco años sin boleta. En septiembre de 2021, Abigail Arredondo Ramos llegó a la presidencia estatal como única aspirante registrada. En agosto de 2025 rindió protesta para el periodo 2025-2029 en las mismas condiciones: dos renovaciones de dirigencia y ninguna planilla rival.

Tampoco la organización que heredó invitaba a disputarla. Al asumir, en octubre de 2021, Arredondo reportó deudas por unos 9 millones de pesos, 8 de ellos con el IEEQ, y un padrón de cerca de 10 mil militantes que ella misma llamó poco confiable. En julio de 2024 dijo que entre 60 y 70% del financiamiento se iba en multas. Con dos terceras partes del dinero comprometidas en sanciones, quien gane la dirigencia hereda sobre todo la deuda.

Hubo voz, y duró seis meses. En agosto de 2024 Paul Ospital, expresidente estatal, declaró que la ciudadanía los había devuelto "a una realidad que nunca habíamos vivido" y pidió reagrupar a los cuadros. En febrero de 2025 rindió protesta en la sede nacional de Movimiento Ciudadano, con todo y su curul plurinominal. El partido perdió una de sus dos diputaciones locales sin que un solo elector cambiara su voto.

Ospital y Calzada son las salidas visibles. Debajo corre otra, que en las secciones electorales se nota antes que en los comunicados: operadores territoriales que se acomodan en Morena y en el PAN sin renuncia pública ni conferencia de prensa. Para Hirschman ese era el escenario más dañino, porque la organización pierde miembros sin recibir la señal que le permitiría corregir. Es la diferencia entre el cliente que reclama en la caja y el que deja de volver a la tienda: el segundo no aparece en ningún reporte hasta que el negocio baja la cortina.

Aquí el marco encuentra su propio límite. Hirschman describe a quien se va; no mide cuántos votantes se lleva consigo. Un operador que cambia de partido puede arrastrar una sección entera o ninguna, y sin padrón auditable nadie (tampoco la dirigencia estatal) sabe cuál de los dos casos tiene enfrente. Los más de 900 comités seccionales que el Consejo Político Estatal presentó en marzo de 2026, siguen "en proceso de consolidación" y sin cifra de afiliados.

El partido perdió una de sus dos diputaciones locales sin que un solo elector cambiara su voto.

Una carta que se lee en un minuto

Falta el último dato del expediente, y es una ausencia. En agosto de 2026 Arredondo dijo que el partido tenía perfiles listos y dejó abierta su propia candidatura si la dirigencia nacional se lo pedía. A casi ocho meses de la jornada de junio de 2027, ningún priista ha irrumpido en la conversación por la gubernatura, y el PRI no gobierna ninguno de los 18 municipios desde donde podría fabricar uno.

Ahí está la contradicción que el estrés político de estos días no deja ver. El PRI de Querétaro vale en 2027 por lo único que hoy no puede garantizar: que sus 84 mil votos obedezcan al logotipo. Sin candidato propio, cualquier coalición que firme (o que rechace, como proponía Calzada) se cotiza en votos transferibles, y cada salida, la pública y la callada, baja ese precio antes de que alguien se siente a repartir gubernatura, 18 alcaldías, Congreso local y diputaciones federales.

La Bialetti tiene la decencia de gorgotear cuando se queda sin agua. El PRI de Querétaro se vacía por abajo, sección por sección, y lo único que se ha escuchado desde arriba es una carta que se lee en un minuto.

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