Sheinbaum le habló a Rocha, pero le advirtió al obradorismo
El mensaje de Claudia Sheinbaum no puede leerse solamente como una reacción al regreso fallido de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa. Rocha fue el destinatario visible, pero no necesariamente el único.
Cuando la Presidenta escribió que ningún interés personal puede estar por encima de los intereses del pueblo y de la Nación, habló al gobernador que intentó regresar en medio de una crisis política, judicial y diplomática.
Pero cuando añadió que el poder sin principios se vuelve arrogancia, el mensaje alcanzó una dimensión mayor: fue una advertencia al grupo que pudiera respaldarlo.
Sheinbaum le dijo a Rocha que su permanencia ya no depende de su voluntad personal. Le dijo que un cargo público no puede convertirse en refugio político ni en trinchera frente a señalamientos que comprometen al Estado mexicano.
Pero también le dijo al obradorismo duro que la Presidenta no está dispuesta a cargar costos ajenos cuando está en juego la relación con Estados Unidos, la credibilidad institucional y la soberanía nacional.
Ese es el fondo del episodio. Sheinbaum necesita demostrar que gobierna ella. No puede aparecer subordinada a inercias del sexenio anterior ni atrapada por lealtades políticas que comprometan su margen de decisión.
Rocha se convirtió en una prueba de autoridad interna: si lo dejaba regresar sin consecuencias, el mensaje sería debilidad; si lo frenaba, mostraba control presidencial.
Pero el control político no basta. La advertencia al obradorismo sólo tendrá sentido si viene acompañada de una decisión institucional: investigación seria, procesamiento penal interno o extradición conforme a derecho. De lo contrario, el deslinde quedará en discurso.
Rocha es el nombre visible. López Obrador y su grupo pueden ser el destinatario político de fondo.
Sheinbaum marcó distancia. Ahora falta saber si esa distancia será sólo retórica o el inicio real de un gobierno propio.
Gustavo Buenrostro
@fansdestacados
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