Diputada Aurora Villeda le recuerda a la panista Miriam Martínez que llegó a la curul por su marido
La sesión ordinaria del Congreso del Estado de este jueves arrancó con el tono habitual de un debate sobre reforma electoral: posicionamientos medidos, argumentos conocidos, el ritual parlamentario de siempre. Duró poco.
Fue la diputada María Aurora Villeda Temoltzin quien alteró el ritmo de la tarde. Desde la tribuna, y en el contexto de la discusión sobre el nuevo marco electoral que impulsa la LXV Legislatura, la legisladora del Distrito V lanzó un señalamiento que nadie en el salón procesó como retórica vacía: habló de los "acuerdos cupulares" que mueven las fichas dentro de los partidos y, sin mencionar nombre alguno, de quienes llegan a un curul sin haber pisado una campaña, sin haber competido en una elección, sin que un solo ciudadano haya marcado su nombre en una boleta.
El destinatario era evidente para cualquiera que conoce el tablero político tlaxcalteca.
Miriam Martínez Sánchez ocupa su escaño en el Congreso como diputada plurinominal del PAN, y a las reuniones legislativas acude acompañada frecuentemente por Ángelo Gutiérrez Hernández, presidente estatal del partido blanquiazul y su esposo. Fue precisamente Gutiérrez quien, desde su posición al frente del PAN en Tlaxcala, tuvo la última palabra en la integración de la lista plurinominal que llevó a Martínez al Palacio Legislativo. El propio Gutiérrez ya la ha "destapado" públicamente como su carta para la gubernatura de Tlaxcala en 2027. Un hombre que coloca a su esposa en el Congreso y luego la lanza para gobernadora. Todo en familia, todo dentro del partido, sin necesidad de preguntarle a nadie más.
Miriam Martínez respondió sin demora y sin rodeos. La llamó mentirosa a Villeda, le reclamó que midiera con el mismo rasero su propio trabajo legislativo antes de cuestionar el ajeno, y le exigió menos presencia en redes sociales y más producción en comisiones. El intercambio escaló con rapidez y el debate técnico sobre la reforma quedó suspendido mientras el pleno asistía a algo más cercano a un ajuste de cuentas que a una discusión legislativa.
Lo que Martínez no pudo hacer, sin embargo, fue desactivar el fondo del argumento. Porque la pregunta que Villeda instaló en la sala no era personal sino estructural: ¿qué legitimidad tiene quien legisla sin haber sido elegido por los ciudadanos para hablar en nombre de esos mismos ciudadanos? Militantes del propio PAN han cuestionado públicamente que el proceso interno del partido ha sido manejado para favorecer a Ángelo Gutiérrez Hernández, lo que dibuja con mayor nitidez el círculo: el marido controla el partido, el partido define la lista, la lista lleva a la esposa al Congreso.
La sesión continuó. Los diputados votaron lo que tenían que votar y el orden del día siguió su camino. Pero Miriam Martínez terminó la tarde en una posición que ninguna réplica airada puede resolver del todo: cuestionada no por sus argumentos, sino por el origen mismo de su presencia en esa tribuna desde la que exigía callar a quien la cuestionaba.
En política, hay preguntas que no se responden gritando. Solo se responden ganando una elección.
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