La productividad de discurso no se mide por eco sino por resultados

La productividad de discurso no se mide por eco sino por resultados

En política no basta con repetir cifras ni acumular viajes; lo que cuenta son los resultados. Y cuando se revisa con lupa el desempeño de Ana Lilia Rivera, las inconsistencias entre lo que dice y lo que realmente ha hecho saltan a la vista.

Se presume que ha realizado más de mil asambleas. Sin embargo, cualquiera que conozca mínimamente la dinámica legislativa sabe que eso no es cierto: no dan los tiempos. El Senado sesiona, las comisiones trabajan, las votaciones se realizan. Pretender hacer creer que se recorrió el estado miles de veces mientras se cumplía una agenda legislativa completa es, cuando menos, una exageración conveniente.

Hay una diferencia sustantiva entre ocupar un cargo y ejercerlo. También entre hablar mucho y decir algo que transforme. En política, y particularmente desde una mirada feminista que no se conforma con cuotas ni con símbolos vacíos, esa diferencia es crucial. Porque representar no es repetir; legislar no es narrarse.

Ana Lilia Rivera ha construido un discurso de productividad basado en la acumulación: de cifras, de viajes, de eventos, de palabras. Pero cuando ese discurso se somete a una revisión mínima, aparecen las grietas. No ideológicas. No personales. Grietas de hechos.

Decir que se realizaron más de mil asambleas puede funcionar como consigna, pero no como dato. El tiempo legislativo es limitado y el trabajo parlamentario no se suspende por voluntad propia. El Senado sesiona, las comisiones dictaminan, los plenos votan. Sostener que se recorrió el estado de manera casi permanente mientras se cumplía una agenda legislativa completa no es compromiso territorial: es una exageración diseñada para impresionar.

Cumplir con las votaciones en el Senado no acredita productividad. Es el piso, no el techo. Y aun así, el balance sigue siendo el mismo: no hay iniciativas propias aprobadas que hayan generado beneficios directos y tangibles para Tlaxcala. No una. No una que pueda señalarse con claridad, sin rodeos ni notas al pie.

También se ha insistido en la presidencia de la Mesa Directiva como si el cargo, por sí mismo, garantizara impacto. Pero los puestos no legislan solos. Lo que importa no es el asiento que se ocupa, sino lo que se hace desde ahí. ¿Qué decisiones estratégicas se tomaron en ese periodo para el estado? ¿Qué acuerdos se tradujeron en políticas públicas? El silencio vuelve a ser el dato.

Los viajes internacionales forman parte de la actividad parlamentaria, nadie lo discute. Lo cuestionable es venderlos como resultados cuando no dejan huella. Ir a foros, a encuentros globales o a instituciones emblemáticas puede ser protocolario, incluso prestigioso en lo personal, pero sin inversiones, convenios o proyectos derivados, no pasa de ser una anécdota bien fotografiada.

El concepto de “senadora productiva” también se ha estirado hasta perder sentido. Dictaminar iniciativas como presidenta de comisión no es un mérito excepcional, es una responsabilidad inherente al cargo. Y adjudicarse la autoría política de todas las iniciativas que transitan por la Mesa Directiva no es liderazgo: es confundir trámite con trabajo de fondo.

Desde el feminismo que exige y no aplaude por inercia, hay que decirlo con todas sus letras: ser mujer en un cargo público no exime de rendir cuentas. Al contrario. La vara debe ser más alta. Y cuando la crítica aparece, responder con descalificaciones y victimización no fortalece, debilita.

Pero hay un punto aún más delicado, y casi nunca se dice. Repetir lo que se dice en Palacio Nacional no es informar. No es legislar. No es representar a Tlaxcala. Convertirse en altavoz de la presidenta, sin mediación crítica, sin agenda propia y sin defensa específica de los intereses del estado, no es trabajo parlamentario. Es obediencia discursiva.

Tlaxcala no necesita eco. Necesita voz.
No necesita vocerías. Necesita resultados.

Y la pregunta, incómoda pero inevitable, queda flotando: ¿para qué quiere Tlaxcala una senadora que repite el guion nacional si no escribe una sola línea propia para su estado?

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