Quince centavos bajo el tope

Quince centavos bajo el tope

El barril superó los 100 dólares y la Magna de Querétaro sigue bajo el límite pactado: la diferencia sale de un renglón fiscal que Hacienda reajusta cada viernes.

“Un país es vulnerable según lo que le cuesta ajustarse cuando cambia un precio fijado afuera.” parafraseando a  Keohane y Nye (1977)

México opera una válvula fiscal que se reajusta los viernes. El Brent, el petróleo del mar del Norte con el que se mide buena parte del crudo mundial, cerró el 18 de septiembre en 103.87 dólares, según la agencia EFE. En Santiago de Querétaro, la Magna, la gasolina regular, promedió 23.85 pesos por litro el 19 de septiembre, según Azteca Querétaro. Un acuerdo entre el gobierno federal y los gasolineros busca mantenerla bajo 24 pesos durante seis meses más, según El Imparcial. Quince centavos de margen. ¿Quién paga la distancia entre un barril de más de cien dólares y una bomba que casi no lo registra? La respuesta está en un acuerdo semanal de Hacienda y en una recaudación que se estrecha.

Tres llaves del barril, ninguna en Querétaro

La primera llave es el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde sale buena parte del crudo del Golfo. EFE informa que la navegación sigue restringida desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero, y que entre el miércoles y el viernes se registraron dos nuevos ataques a cargueros, según el organismo británico de vigilancia marítima.

La segunda es el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que transporta cerca de siete millones de barriles diarios hacia el mar Rojo y quedó paralizado tras ataques con drones. La expectativa de que recupere al menos la mitad de su capacidad empujó el Brent a su tercera caída consecutiva, mientras Aramco, la petrolera estatal saudí, comunicó que algunas refinerías europeas no recibirán crudo en octubre, según EFE.

La tercera llave está en las capitales. Emmanuel Macron anunció el viernes una reunión del G7, el grupo de siete economías avanzadas, dedicada a la energía, para evaluar otra liberación de reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía, el organismo de los países consumidores que guarda petróleo de emergencia. En marzo, sus miembros soltaron 400 millones de barriles.

El domingo 20 se sumó un golpe en otro punto de la cadena: drones ucranianos alcanzaron la refinería de Kapotnya, en Moscú. El alcalde Serguéi Sobianin confirmó daños y dijo que Rusia derribó más de 1,600 drones desde el sábado; el Estado Mayor ucraniano informó que una unidad de destilación de crudo quedó afectada. Son cifras de las partes en guerra y este texto no encontró verificación independiente de ellas. El conjunto muestra que el precio del barril se compone de decisiones militares, logísticas y diplomáticas que ninguna gasolinería de México alcanza a ver.

Cada viernes, el Diario Oficial reparte la guerra

El punto donde esa mesa toca a la bomba se llama IEPS, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, una cuota fija en pesos que se cobra por cada litro de combustible. Cada viernes, Hacienda publica en el Diario Oficial de la Federación, el boletín donde el gobierno vuelve oficiales sus reglas, cuánta de esa cuota descuenta. Para la semana del 19 al 25 de septiembre, según Expansión y El Imparcial, descontó 62.70 por ciento en la Magna, o 4.2007 pesos por litro, y 100 por ciento en el diésel, o 7.3634 pesos, con 1.8361 pesos más de estímulo complementario.

La escalera de tres semanas muestra el ritmo. El estímulo a la Magna pasó de 2.1071 pesos por litro (5 al 11 de septiembre) a 3.4458 y luego a 4.2007, casi el doble en dos semanas. En el diésel, la cuota llegó a cero en la semana del 12 al 18, y el estímulo complementario saltó de 0.1501 a 1.8361 pesos, unas doce veces más, en la semana siguiente. Mientras tanto, el diésel se vende a 27.00 pesos. 

Cada viernes, un acuerdo de Hacienda decide cuánto de la guerra llega al tanque. La Silla Rota estima que el estímulo al diésel le cuesta al fisco 393 millones de pesos por día, unos 2,751 millones por semana si el ritmo se sostiene. Es una estimación periodística: el Diario Oficial publica cuotas y porcentajes, no el costo fiscal.

Lo que la bomba no deja discutir

La segunda cara del poder: junto a las decisiones que se ven, existe el poder que impide que un asunto llegue a la mesa, como el casero que paga de su bolsa el aumento del gas para que ningún inquilino pregunte por el contrato. El indicador observable es el desacople entre lo que sube arriba y lo que se ve abajo. El Brent tocó esta semana máximos de casi cuatro meses, según EFE, y la Magna de Querétaro quedó a quince centavos del tope. Con la bomba quieta, el costo de la guerra en Irán ocupa un renglón de la recaudación y ningún cartel de gasolinería.

El límite de la inferencia es concreto. El Imparcial presenta el estímulo del 12 de septiembre como respuesta a un repunte de más de 9 por ciento en el crudo y como freno a presiones inflacionarias en el transporte de carga y los alimentos. Esa razón basta para explicar la medida. Que 2027, año de elección de gobernador en Querétaro, esté a meses de distancia vuelve políticamente valioso un precio estable, y esa utilidad se puede observar; la intención electoral, en cambio, no aparece documentada en ningún acuerdo consultado.

La causa es ajena, el porcentaje es de Hacienda

Robert Entman, teórico de la comunicación política, describe un encuadre como cuatro piezas: qué es el problema, quién lo causa, qué juicio moral merece y qué remedio se ofrece, igual que un parte médico decide qué síntoma va primero. El encuadre con que la prensa consultada presenta el estímulo tiene las cuatro a la vista: problema, la volatilidad del crudo; causa, una guerra lejana; juicio, un golpe que nadie en México eligió; remedio, un estímulo fiscal. Cada pieza descansa en evidencia: Ormuz restringido, oleoducto paralizado, una refinería en llamas. El encuadre no requiere mentir. Pero omite al decisor doméstico: quién fija el porcentaje de cada viernes y hasta qué techo.

Cada viernes, un acuerdo de Hacienda decide cuánto de la guerra llega al tanque.

Dos trayectorias dibujan el próximo viernes. Si el oleoducto saudí recupera la mitad de su capacidad, según anticipa EFE, y el G7 abre reservas, el barril cede y la cuota vuelve a cobrarse: Hacienda recupera recaudación sin que nadie en la bomba lo note. Si Ormuz y Kapotnya empujan el Brent al alza, la cuota del diésel ya no tiene más que descontar, y cada peso adicional sale de un estímulo complementario que en siete días se multiplicó por doce.

Robert Keohane y Joseph Nye, politólogos estadounidenses, llamaron vulnerabilidad al costo de ajustarse cuando cambia un precio que se fija afuera, como el inquilino al que sube la renta y solo puede pagar o mudarse. México paga ese costo con recaudación: el gobierno absorbe 4.20 pesos de cada litro de Magna y el conductor no ajusta nada. La vulnerabilidad existe; cambió de bolsillo.

El 24 del acuerdo con los gasolineros es un compromiso de precio con vigencia de seis meses. Su cumplimiento descansa en la misma válvula: el conductor paga 2.50 pesos de impuesto por litro de Magna y Hacienda cubre el resto de la cuota.

Quince centavos: esa es hoy la distancia entre una guerra que Hacienda paga en silencio y una bomba que la anuncia en voz alta.

raulreyesgalvez@miradacritica.info

Comentarios

Ranker Pool Data TLX