Tlaxcala en silencio de sus problemas reales

Tlaxcala en silencio de sus problemas reales

Hay una escena que se repite en Tlaxcala con la puntualidad de un reloj descompuesto, mientras los políticos se toman fotos en diversos eventos sociales, hacen sus informes y traicionan a los suyos por andar de menesterosos con otros, los problemas que de verdad afectan la vida cotidiana de la gente avanzan casi sin que nadie los mire de frente.

En Texoloc, municipio de donde es Miguel Ángel Covarrubias, ejecutan a un hombre a balazos. En Chiautempan, municipio ingobernado por Blanca Angulo, hombres armados entran a una primaria en pleno regreso a clases para robarse las cuotas escolares.

Y una institución tan simbólica como la Cruz Roja de Tlaxcala enfrenta acusaciones de un desfalco millonario, vaya nido de ratas que resultó, pero no les digan que hay gente tocando las puertas de la delegación Tlaxcala a altas horas de la noche buscando auxilio y nadie les responde porque se indignan y hasta agresivos se vuelven en redes sociales los socorristas que más bien parecen delincuentes fumando afuera de las instalaciones.

Estas no son notas aisladas de la sección policiaca, son síntomas de un estado donde la seguridad pública y la vigilancia institucional siguen siendo asignaturas pendientes, sin que se perciba una respuesta proporcional desde la Secretaría de Seguridad Pública, tanto estatal como municipal.

Hace falta que la vigilancia se redoble los fines de semana, sobre todo en la calle Morelos de la capital, al menos 3 fines de semana seguidos ha habido cristalazos sin que haya detenidos, también fue asesinado un perro con un cuchillo a la altura de la terraza del ex convento de San Francisco, del que presumimos como patrimonio cultural de la humanidad pero del que ya se cayó un muro sin que haya indicios de su reparación y del que también es normal encontrar jóvenes alcoholizados o restos de bebidas embriagantes y basura.

A esto se suma un dato que debería doler más de lo que resuena, 7 de cada 10 adultos mayores víctimas de violencia en Tlaxcala sufren maltrato psicológico.

No es una cifra que aparezca en un boletín de prensa triunfalista, ni en una asamblea de partido. Es un dato que exige políticas públicas concretas de protección a la vejez, y que sin embargo compite en desventaja por espacio y atención frente a la narrativa electoral.

Tampoco ayuda que casi el 30% de los trabajadores del estado supere las 48 horas semanales laborales, un síntoma de precarización que rara vez entra en la conversación pública, opacado por los despidos masivos en Volkswagen —ya van 786 trabajadores afectados— sobre los cuales sindicato y empresa han optado, según se ha documentado, por el silencio antes que por la rendición de cuentas y la explicación de las autoridades en su impacto económico regional y su afectación a empleos indirectos.

Y luego está el tema del agua, vecinos de Tlacomulco exigen respuestas sobre un pozo, en medio de lo que se describe como silencio oficial. Es un patrón que se repite en distintas comunidades tlaxcaltecas, no sólo la capital, la demanda ciudadana choca contra la falta de respuesta institucional, y solo cuando el conflicto se vuelve noticia parece haber algún tipo de reacción.

No se trata de negar que la vida política partidista sea parte legítima de la agenda pública. El problema es la desproporción, cuando el aparato de comunicación —oficial y mediático— dedica más energía a narrar triunfos y acciones propias que a transparentar los datos sobre seguridad, empleo digno, protección a los adultos mayores o acceso al agua, el mensaje que se envía a la ciudadanía es claro: Lo que importa es el poder, no necesariamente lo que se hace con él.

Tlaxcala merece un debate público que no se agote en unos “diálogos” que ni son circulares ni tampoco son diálogos, dirigidos por un payaso que a lo único que viene es a divertirse y no a trabajar.

La gobernadora Lorena Cuellar merece servidores públicos tenaces, inteligentes, dedicados, expertos en sus áreas, que entreguen resultados, no oportunistas que busquen hacer negocios con las secretarías como la titular de la Secretaría de Impulso Agropecuario (SIA), Gisela Lucero Zepeda, o torpes y mediocres como el titular de la CCOM, Antonio Martínez Velázquez. 

Merece que la misma energía que ella invierte en también se traduzca en fiscalización de sus secretarios, coordinadores y directores de área, tenemos una Contraloría tibia, ahora llamada Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno que encabeza la ex titular del Órgano de Fiscalización Superior, María Isabel Delfina Maldonado Textle; necesitamos que traduzca en fiscalización real de instituciones.

Necesitamos saber cómo es que instituciones como la Cruz Roja son vulneradas de esa manera en la que se roban el dinero, necesitamos saber que se logra en estrategias de seguridad que efectivamente disminuyan los homicidios y asaltos, y en políticas que atiendan a quienes menos voz tienen, los adultos mayores maltratados, las comunidades sin agua.

La pregunta que debería hacerse cualquier tlaxcalteca no es quién va a coordinar tal o cual partido, sino qué va a pasar con el pozo de Tlacomulco, quién va a responder por el dinero faltante en la Cruz Roja, y qué va a hacer la autoridad para que ir a la primaria de tus hijos no implique el riesgo de un asalto a mano armada.

Mientras esas preguntas sigan sin respuesta, cualquier triunfo político en el estado seguirá siendo, en el mejor de los casos, una victoria a medias de los gobernantes.

Ya no hablemos de las estúpidas águila y serpiente de los bandos de fiestas patrias de Panotla que encabeza el hermano de la Fiscal estatal, Idelfonso Carro Roldán, que por su carrera como profesor, debería saber que un bando solemne lleva las efigies de los héroes de la independencia y que Agustín de Iturbide no fue el único o que abusar de la inteligencia artificial como lo hizo su comisión de fiestas patrias, raya en lo absurdo, en lo naco y hasta en lo guarro.

Panotla es una vergüenza.

Y qué tal los amoríos del síndico de Contla, Gilverto Flores Maldonado que continúa con sus desplantes que sólo un politiquillo de poca monta se da el lujo de darse.

O qué tal con la bronca entre la síndico de Yauhquemehcan, Ana Rosa Gameros Ordóñez con el presidente David Vega Terrazas.

Políticos sin estatura, enanos que fueron llevados al triunfo en las urnas que sólo exhiben la pobreza de espíritu y su vanidad personal por encima de los intereses de sus municipios.

 

Comentarios

Ranker Pool Data TLX