Las bardas de Alfonso

Las bardas de Alfonso

“A chillidos de puerco, oídos de matancero” (Dicho popular)

En Tlaxcala, la aparición de bardas y espectaculares con la frase “Tlaxcala va con él ❤️, y él es Alfonso Sánchez” desató una discusión que se ha movido más por percepciones que por fundamentos legales.

Vale la pena poner las cosas en su lugar.

Para que exista un acto anticipado de campaña no basta con que aparezca el nombre de una persona en una barda. La ley es clara: tiene que haber un llamado al voto o una intención evidente de pedir el apoyo ciudadano fuera de los tiempos electorales. En este caso, el mensaje podrá gustar o no, pero no contiene una solicitud directa de voto ni hace referencia a una elección en curso.

El segundo punto es todavía más importante: la responsabilidad. Hasta ahora no hay prueba de que Alfonso Sánchez García haya ordenado, pagado o autorizado esa propaganda. Por el contrario, él mismo hizo público un deslinde y anunció que acudió ante la autoridad electoral para denunciar los hechos.

Y aquí es donde entra un criterio que ya ha sido sostenido por los tribunales: cuando una persona es beneficiada por propaganda que no promovió, tiene la obligación de deslindarse. Eso fue justamente lo que hizo. Negó cualquier relación, fijó postura pública y dio parte a la autoridad.

Algunos dirán que además tendría que retirar las bardas. Pero eso no es tan simple. Esas bardas y espectaculares no son suyos, pertenecen a particulares, y nadie puede intervenir una propiedad ajena por su cuenta sin meterse en otro problema legal. Por eso la vía correcta es la que ya se siguió: denunciar y pedir que la autoridad actúe.

También es cierto que la autoridad podría revisar si existe algún beneficio indebido. Pero para llegar a esa conclusión no alcanza con suposiciones. Se tendría que demostrar que hay un vínculo con quienes colocaron la propaganda o que hubo tolerancia deliberada, algo que hasta ahora no está acreditado.

En pocas palabras, una cosa es lo que parece en la calle y otra lo que se puede probar en derecho. Y en materia electoral, lo que cuenta no es la sospecha, sino la evidencia.

Por eso, más allá del ruido, el caso tendrá que resolverse con pruebas en la mesa. Porque en política, como en la ley, no basta con aparecer en una barda para ser responsable de haberla puesto.

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